Nº 01·Región vinícola·D.O. Ribera del Duero
Ribera del Duero
Bajé a Aranda por primera vez en 2019, en pleno noviembre, y aún recuerdo el frío de aquella mañana en el patio de Vega Sicilia. La Ribera del Duero hace lo más seco y poderoso del vino español, pero el clima en el que crece la uva es brutal: noches frías incluso en verano, días calurosos, una amplitud térmica diaria de hasta 25 grados que es —literalmente— lo que hace de Ribera, Ribera. Esa diferencia entre día y noche da uvas con piel gruesa, mucha acidez natural y la base aromática para vinos de guarda larga.
La D.O. se extiende 115 kilómetros a lo largo del río Duero, entre Soria y Valladolid. Cuatro provincias (Burgos, Segovia, Soria, Valladolid), dos clasificaciones de altitud (700 a 900 metros, lo cual cuenta), y una uva mayoritaria que aquí se llama Tinto Fino o Tinta del País —el tempranillo de toda la vida, pero adaptado a este terreno tan exigente—. Se permite también algo de cabernet, merlot y malbec, pero en cantidades pequeñas. La gran mayoría de lo que sale de Ribera es 100% tinta del país.
Aranda de Duero es la base práctica: 33.000 habitantes, casco antiguo lleno de bodegas subterráneas medievales (más de 7 km de túneles bajo las casas), asadores donde el lechazo asado al horno de leña es plato obligatorio. Las bodegas más conocidas —Vega Sicilia, Pingus, Pesquera, Aalto— están en el tramo entre Valladolid y Burgos, así que Aranda es una buena base aunque algunas pidan media hora de coche. A diferencia de Rioja, aquí el enoturismo está menos desarrollado: muchas bodegas requieren cita con días o semanas de antelación, y la oferta hotelera es más limitada. La compensación es que el paisaje se vive más solo, sin autobuses turísticos.

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